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Por una muñeca

Letra: Manuel Barros

Música: Emilio Balcarce

(Recitado)
Su nombre: Trinidad
Su vida: Breve
Su historia: Una muñeca de color,
desnuda en un agosto que aún me llueve
como en la tarde gris del sinsabor.

Vestida de blanco, como una azucena,
después de las clases, volvía al hogar,
Trinidad... la niña más rubia
y más buena, más blanca y más pura
que he visto en mi andar.
Siete años tenía su reino en la tierra,
la tarde que un auto su cuerpo arrolló
cuando en sus manos blancas,
una muñeca negra, abandonada y triste,
del suelo recogió.

Mojó su sangre las piedras,
de la calleja fatal,
por una muñeca negra
que su amor quiso salvar.
Y aún me lastima su voz,
cuando agónica decía:
“¡No me la quiten que es mía!...
¡no me la lleven, por Dios!”

Llevaba en sus manos color azucena,
la triste muñeca de tinte carbón,
Trinidad... la niña más rubia
y más buena, princesa del verbo
más bello de amor.
Mil madres heridas por la misma pena,
sobre sus manitas pusieron cual flor,
la muñequita negra, de la mirada buena
que alguien abanonara, tal vez por su color.