Repertorio

Adiós Nonino

Texto editorial

Actualizado 18 de marzo de 2026

El 18 de enero de 1959, Vicente Pantaleón Piazzolla —el padre de Astor, conocido por todos como Nonino— murió en Nueva York. Astor estaba en Buenos Aires cuando llegó la noticia. Esa noche compuso en pocas horas lo que se convertiría en una de las obras más interpretadas del siglo XX.

Historia de la obra 01

Nonino había sido el primer tanguero de la familia. Fue él quien le regaló a Astor un bandoneón cuando el niño tenía ocho años, durante los años que vivieron en Nueva York. Ese instrumento llegó a las manos de un chico que ya había recibido lecciones de piano y que pronto iba a descubrir que el bandoneón no era simplemente otro instrumento: era una voz particular, la suya.

La muerte de Nonino llegó de golpe. Piazzolla llevaba años en tensión con su propio pasado, con el tango de Gardel que su padre amaba y que él había empezado a transformar en algo que muchos no reconocían como tango. Adiós Nonino no es un ajuste de cuentas ni una reconciliación programática: es un abrazo. La pieza abandona por un momento toda la complejidad rítmica del nuevo tango y se entrega a algo más desnudo, más directo.

La música del duelo 02

La estructura de Adiós Nonino es engañosamente simple: un tema principal doliente y cantable, una sección central de mayor agitación, el regreso al tema. Pero en esa aparente sencillez hay una profundidad que ningún análisis termina de agotar.

El bandoneón llora sin afectación. La melodía sube y vuelve, como la memoria que no encuentra el momento exacto en que alguien se fue. No hay resolución fácil, no hay cierre consolador. La pieza termina como el duelo termina: no porque haya concluido, sino porque la vida sigue y hay que seguir con ella.

Piazzolla la grabó y volvió a grabar muchas veces a lo largo de su vida. Cada versión es diferente. No porque cambiara las notas, sino porque el duelo no es una emoción fija: se mueve, se transforma, pesa de maneras distintas en distintos momentos.

Repercusiones de Adiós Nonino 03

Es probablemente la obra de Piazzolla más escuchada en el mundo. La han grabado músicos de jazz, orquestas sinfónicas, dúos de piano, cantantes líricos, guitarristas flamencos. Cada vez que alguien que no sabe nada de tango descubre a Piazzolla, es probable que Adiós Nonino sea la puerta.

La pieza apareció en bandas sonoras, en publicidades, en conciertos de gala en los teatros más importantes del mundo. Esa universalidad tiene algo de paradójico: Piazzolla pasó décadas peleando contra la domesticación del tango, contra la frivolidad de cierto consumo fácil, y una de sus obras más personales se convirtió en la más universalmente adoptada. Pero no es una contradicción: es que la música verdadera no pregunta por el contexto en el que la escuchan.

Interpretaciones memorables 04

La versión del Quinteto de los años 70 es la más conocida. Pero hay grabaciones de Piazzolla en formatos más íntimos —casi en solitario— donde la pieza cobra una desnudez imposible de igualar.

Gidon Kremer la grabó con su ensamble Kremerata Baltica y abrió una dimensión nueva: las cuerdas como coro de luto, el tema pasando de instrumento en instrumento como se pasa el dolor en una familia. Yo-Yo Ma la interpretó en vivo con Piazzolla presente. Richard Galliano, el bandoneonista francés que se convirtió en uno de los herederos más serios del legado de Astor, la toca con una libertad que el propio Piazzolla hubiera aprobado.