Cancionero

Nada

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Actualizado 19 de abril de 2026

He llegado hasta tu casa...
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás...
¡Si me han dicho que te has ido!
¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal...
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú...
¡Todo es una cruz!
Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún...
¿Dónde estás, para decirte
que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa
y me voy ya ni sé donde...
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz
de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón.

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Historia de la obra 01

Nada es el testamento artístico de Enrique Santos Discepolo. Lo escribió en 1944, cuando ya tenía cuarenta y cuatro años y la vida le había demostrado todo lo que él mismo había predicho en Cambalache y en Yira, yira: que el mundo no mejora, que las esperanzas se van gastando, que al final queda eso, nada.

La diferencia entre el Discepolo de Cambalache y el de Nada es la diferencia entre la indignación y el agotamiento. Cambalache todavía tiene energía para la denuncia, para la lista, para el argumento. Nada no. Nada comienza con un hombre que recuerda sus sueños de pibe y constata, sin exclamaciones, que se fueron. Cuando era pibe soñé tanto —el imperfecto del tiempo perdido, la infancia como otro país.

Discepolo era un hombre que había apostado todo a la capacidad del arte de cambiar algo: el teatro, la radio, el cine, la canción popular como herramienta de transformación social. Para los años cuarenta, esa apuesta le parecía perdida. La guerra en Europa, el ascenso del peronismo en Argentina —al que se sumó con una ambigüedad que le costó cara— y la muerte acechando: todo eso está en Nada.

La música es del propio Discepolo, quien en Nada abandona la estructura más agitada de sus tangos anteriores y elige un tempo más lento, casi de balada, que acompaña la resignación del texto sin subrayarla. Es una elección de madurez: el músico joven usa la música para expresar, el maduro la usa para contener.

Repercusiones de Nada 02

Discepolo murió en 1951, siete años después de componer Nada. En ese período, la pieza circuló en el repertorio de los cantores pero sin el impacto inmediato de sus obras anteriores: era demasiado íntima, demasiado sin narrativa, para el gusto del momento. La grandeza de Nada fue reconocida progresivamente, a medida que la distancia histórica permitió verla como lo que es: la obra más honesta de un hombre honesto hasta la brutalidad.

En el debate sobre Discepolo —el más importante, el más contradictorio, el más necesario de los autores del tango— Nada ocupa el lugar de la pieza que resiste cualquier uso político o ideológico. No hay cómo apropiarse de un texto que dice que todo es nada, que las promesas se van, que los sueños no se cumplen. Es inútil como propaganda de cualquier causa.

Interpretaciones memorables 03

Edmundo Rivero fue el intérprete que más profundamente entendió Nada. Su voz grave y su manera de hablar más que cantar —técnica que heredó y perfeccionó de la línea de Gardel pero llevada a extremos que el propio Gardel no habría reconocido— convirtió la pieza en algo que no se escucha sino que se padece.

Roberto Goyeneche la grabó en distintos momentos de su carrera y cada versión es un documento diferente: el Goyeneche de los sesenta con la urgencia del que todavía discute, el de los ochenta con la tranquilidad del que ya sabe. Esa evolución hace de sus versiones sucesivas una lectura involuntaria de cómo el tiempo cambia la relación con el texto de Discepolo.

La pieza no ha sido versionada en otros géneros con la frecuencia de Cambalache, lo cual dice algo sobre su naturaleza: Nada no se presta a la reinterpretación festiva ni al arreglo rock. Es demasiado seria para ese uso. Esa seriedad es también su garantía de permanencia.

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