Cancionero

Aquel viejo hotel

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Actualizado 19 de abril de 2026

Hay un trago de sol que se hizo vino
y un mundo sin color que me nació más nuevo.
Tus pestañas también tuvieron fuego
y ardió en nosotros dos algo sin miedo.

Tuvimos el instante sin testigos,
en aquel viejo hotel frente a la plaza.
Los postigos guiñaron el hechizo
y yo te dibujé mi alma en tus ojeras.

Después fue la vereda y el olvido,
el lento caminar buscando esquinas.
Fumando cigarrillos aburridos,
bebiéndome las copas sin sentido.

Y amanecer de pronto en una espera,
para morderle al sol un tibio aliento.
Y arrinconar mi sombra en el baldío
donde habitó tu piel mi sentimiento.

Yo sigo en el embale de haber sido,
más allá de mi mismo tu destino.
Yo tengo aquel milagro dolorido,
de haberte rescatado de tu sino.

Quien me puede gritar malas palabras,
por ser esperanzado en tu regreso.
Hay mil senderos en la piel sagrada,
que camina el amor hacia los besos.

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