Adiós Nonino

Repertorio

Adiós Nonino (1959)

Composición instrumental de nuevo tango considerada la obra más inspirada de Piazzolla, compuesta tras la muerte de su padre.

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Retrato de 1969. Fotografía: E. Comesaña. Colección MNBA.

Texto editorial

Actualizado 25 de julio de 2026

En octubre de 1959, Vicente Piazzolla —el padre de Astor, conocido por todos como Nonino— murió en Mar del Plata a raíz de un accidente en bicicleta. Astor recibió la noticia en Puerto Rico, en plena gira con los bailarines Juan Carlos Copes y María Nieves. Días después, de regreso en el departamento de Nueva York donde vivía con su familia, compuso en pocas horas lo que se convertiría en una de las obras más interpretadas del siglo XX.

Historia de Adiós Nonino 01

Nonino había sido el primer tanguero de la familia. Fue él quien le regaló a Astor un bandoneón comprado en una casa de empeños cuando el niño tenía ocho años, durante los años que vivieron en Nueva York. Ese instrumento llegó a las manos de un chico que ya había recibido lecciones de piano y que pronto iba a descubrir que el bandoneón no era simplemente otro instrumento: era una voz particular, la suya.

La muerte de Nonino llegó de golpe. Piazzolla llevaba años en tensión con su propio pasado, con el tango de Gardel que su padre amaba y que él había empezado a transformar en algo que muchos no reconocían como tango. Adiós Nonino no es un ajuste de cuentas ni una reconciliación programática: es un abrazo.

Su hijo Daniel recordó la escena de aquella noche neoyorquina: Astor pidió que lo dejaran solo. "Primero hubo un silencio absoluto. Al rato, oímos que tocaba el bandoneón. Era una melodía muy triste, terriblemente triste."

La obra, además, no nació de cero: recompone "Nonino", un tango que Piazzolla había escrito en París en 1954, también dedicado a su padre, del que conservó la parte lírica.

La música del duelo 02

La estructura de Adiós Nonino es engañosamente simple: un tema principal doliente y cantable, una sección central de mayor agitación, el regreso al tema. En la partitura, el compás 3+3+2 enfatizado por un mismo acorde aparece con carácter épico, una marca técnica que se volvería distintiva del nuevo tango piazzolliano.

Ese recurso surge no como experimento formal sino como necesidad expresiva. La pieza es estrictamente instrumental y prescinde de las estructuras del tango comercial —coplas, estribillo, los tres minutos de rigor— para convertirse en una obra de escucha en toda regla.

Se han señalado en la obra reminiscencias de George Gershwin, y el propio Piazzolla llegó a reconocerlas: Nonino le había transmitido el gusto por músicos que ampliaban los límites de lo popular sin abandonar la emoción directa.

Grabaciones y versiones 03

Piazzolla la grabó por primera vez el 28 de enero de 1961 para RCA Victor, en el álbum Piazzolla interpreta a Piazzolla, y volvió a grabarla muchas veces a lo largo de su vida. Cada versión es diferente. No porque cambiara las notas, sino porque el duelo no es una emoción fija: se mueve, se transforma, pesa de maneras distintas en distintos momentos.

En algunas grabaciones el bandoneón suena más áspero, más herido. En otras, la orquestación se vuelve más densa, como si el dolor necesitara más voces para expresarse. La obra trascendió las interpretaciones del propio Piazzolla y se convirtió en territorio común de músicos de formaciones diversas: Aníbal Troilo, Leopoldo Federico, el binomio Francini-Pontier y Atilio Stampone la incorporaron a su repertorio, cada uno desde su propio lenguaje.

La célebre introducción de piano se convirtió con los años en una pieza de lucimiento propia, por la que pasaron Dante Amicarelli, Osvaldo Manzi, Osvaldo Tarantino y Pablo Ziegler.

Recepción de Adiós Nonino 04

Según documenta Antonio Pau en Música y poesía del tango, se la valora como la más inspirada obra del autor. El propio Piazzolla, años después de haberla compuesta, declaró: "Es el tema más lindo que escribí en mi vida... No sé si lo voy a mejorar, no creo."

Esa declaración resume algo que la recepción crítica ha confirmado: Adiós Nonino ocupa un lugar particular en el catálogo piazzolliano. No es su obra más experimental ni su composición más técnicamente audaz, pero es quizás la más directa en términos emocionales.

La obra tuvo incluso su momento planetario: el 2 de febrero de 2002, en la boda real de Máxima Zorreguieta y el príncipe Guillermo de Holanda, el bandoneonista Carel Kraayenhof la interpretó como tributo a las raíces argentinas de la novia, y la lágrima de Máxima ante las cámaras dio la vuelta al mundo.

La pieza se convirtió en emblema del nuevo tango sin necesidad de manifiestos teóricos. Su capacidad de emocionar trasciende las discusiones sobre la legitimidad del tango renovado: incluso los defensores del tango tradicional reconocen en ella una honestidad expresiva que desarma las objeciones estéticas.

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