Biografía
Actualizado 22 de septiembre de 2026Carlos Artagnan Petit (2 de febrero de 1913 – 18 de marzo de 1993) fue letrista de tango y empresario teatral. Las dos cosas a la vez, y por la misma razón: sus letras nacieron adentro de sus revistas.
Escribió cuatro obras, las cuatro con música de Rodolfo Sciammarella, que fue su socio de revista desde 1943 —«mi compañero era Rodolfo Sciammarella», decía él— y que estrenaba sus canciones dentro de las representaciones que Petit producía. La más conocida es el vals «Los cien barrios porteños», de 1945, que Alberto Castillo grabó el 20 de noviembre de ese año. También son suyas la letra de «Se pasó tu cuarto de hora», que Castillo registró el 21 de agosto del mismo año; la de la milonga «Amor con amor se paga», grabada por Orlando Medina con la orquesta de Ricardo Malerba el 30 de junio de 1944; y la del vals «Devolveme lo que es mío», que Guillermo Rico y Alberto Arenas cantaron con Francisco Canaro el 16 de abril de 1946. En 1950 escribió además, con Sciammarella, el guion de la película «La barra de la esquina», protagonizada por el mismo Castillo.
El zar de la revista 01
Iba a ver revistas desde los catorce años, y desde el paraíso. Empezó en 1936 haciendo de comparsa y números de relleno; en 1938 armó sus primeros espectáculos con el cómico Adolfo Stray en un teatro de Lanús, y en 1943 estrenó su primera revista propia. En 1950 entró al Teatro El Nacional, en Corrientes casi Carlos Pellegrini, que había sido reducto del sainete, y lo convirtió en el gran escenario revisteril de la ciudad, en años en que a los argentinos les sobraba plata para gastar.
Trajo las novedades del género: plano inclinado, escalera practicable y focos multicolores. Le escribió a Pepe Arias un monólogo político que fue un éxito enorme en 1955. En 1963 dirigió junto a Mariano Mores a Niní Marshall y a Mirtha Legrand. En 1968 viajó a París a contratar a Nélida Lobato y a las bailarinas del Lido, y volvió habiendo pasado una tarde entera frente a cien mujeres dispuestas a viajar a la Argentina. En 1973 le dio a Moria Casán su debut estelar; de ella dijo que era escandalosamente artista y que iba a brillar donde quisiera.
Su innovación de fondo fue empresaria: pagaba a las figuras un porcentaje de la recaudación bruta, algo que escandalizó al resto de los empresarios. Su teoría era que el éxito lo hacían los artistas. También hizo cine: unas treinta películas entre 1940 y 1970, como guionista, argumentista y actor.
Cómo se veía a sí mismo 02
Era desprendido sobre su propia obra. «No soy un escritor calificado, soy autor de temas superficiales», decía, y del género del que fue rey: «la revista es un género intrascendente, pero al público porteño le gusta mucho». Le gustaba, explicaba, justamente porque no había tiempo para pensar: era digestivo. Del teatro decía que era el lugar donde se sentía un genio. Y sobre los intérpretes, que eran como los vinos: si son buenos, cuantos más años mejor.
Que su peso dentro del ambiente era real lo dice una fuente inesperada. Cuando Enrique Santos Discépolo le explicó a Tania por qué le dejaba sus obras en testamento, nombró a dos personas a las que no quería que ella tuviera que ir a pedirle trabajo: Luis César Amadori y Carlos Petit.
Buena parte de lo que ganó se lo llevaron los caballos: tenía palco alquilado en Palermo los sábados, domingos y feriados, y tres animales de carrera. Soñaba con que Corrientes fuera conocida como la calle del teatro de revistas.
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