Letra completa
Actualizado 25 de julio de 2026Transitaba la otra noche
por una calle central
de esta hermosa Capital,
cuando llamó mi atención
un grotesco cartelón
que colgado de una lanza,
un muñeco con gran panza,
muy orondo, sostenía,
y en letras gordas decía:
“Bazar de la mescolanza”.
Pecando yo de curioso
frente al bazar me piré,
y un buen rato me quedé
observando lo que había.
La gente entraba y salía
en colosal entrevero,
ni “don Juan, el del aujero”
le podría competir;
era aquello, sin mentir;
inagotable hormiguero.
Allí se hallaban mezlados
con la copetuda dama
la nodriza, la mucama
y el compadre callejero;
señoritas de sombrero
junto al mozo de cordel,
hasta el gallego Samuel,
el tipo cambalachero,
se hallaba en el entrevero;
en fin: era una Babel.
Había preciosas telas
de gró, de seda y fular;
tijeras para esquilar,
lámparas calentadores,
cintas de todos colores,
alpargatas uruguayas,
queso gruyere, pantallas,
calzoncillos, bicicletas,
carbón de coco, galletas,
papas, relojes y mallas.
De música y cirugía
infinidad de instrumentos:
parches porosos, ungüentos
y otras muchas medicinas;
orejones y sardinas,
betún, pimientos morrones,
brillantes y camarones,
patas de chancho, zapallos,
pomada para los callos,
pamelas y levitones.
La gente daba mil vueltas
estorbándose el camino,
y en revuelto torbellino
el negocio se encontraba.
El público respiraba
una atmósfera cargante;
yo permanecí un instante
tan sólo por curiosear,
pero tuve que escapar
“como rata por tirante”.
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