Texto editorial
Actualizado 20 de mayo de 2026En 1930, Pedro Maffia registró el instrumental "Cabecita de azabache", una obra que forma parte del catálogo menos conocido del tango rioplatense pero que ilustra la riqueza creativa de una década decisiva para el género. La pieza aparece vinculada también al compositor Eduardo Scalise, conocido profesionalmente como Lalo Scalise.
El compositor 01
Eduardo Scalise Regard nació en Buenos Aires el 21 de octubre de 1912 y murió el 10 de abril de 1972. Pianista, director y compositor, desarrolló una carrera que abarcó desde el tango tradicional hasta proyectos más experimentales. Su catálogo incluye una variedad de obras que muestran su versatilidad creativa.
Entre sus títulos se encuentran "Déjame soñar", grabado el 31 de mayo de 1951 con la voz de Armando Garrido, y el instrumental "Firulete", registrado el 16 de noviembre de 1939. También compuso "En tinieblas" en colaboración con José María Contursi y Francisco García Jiménez, "Nada más que amor" junto a García Jiménez, y "Un reproche", tema que registró la Orquesta Discépolo con música y letra de su autoría.
Pedro Maffia y la grabación de 1930 02
La grabación de "Cabecita de azabache" por Pedro Maffia en 1930 sitúa a la obra en un momento particular del desarrollo del tango. Maffia, bandoneonista fundamental en la evolución del género, eligió esta pieza para su registro discográfico en un año que marcaba el final de una década transformadora para la música rioplatense. La decisión de grabar un instrumental reflejaba una tendencia de la época hacia la exploración puramente musical del tango.
Sin las restricciones narrativas de la letra, las obras instrumentales permitían a los intérpretes desarrollar con mayor libertad las posibilidades melódicas y armónicas del género.
Una obra en el catálogo instrumental 03
"Cabecita de azabache" integra el repertorio instrumental del tango, un formato que cobraba importancia en los años treinta. Este tipo de composiciones ofrecía a los músicos un territorio de experimentación donde la técnica y la expresividad podían desplegarse sin compromisos con el texto poético. El título mismo, con su referencia al azabache —mineral negro y brillante tradicionalmente asociado con la protección y la elegancia—, sugiere una pieza de carácter intimista, posiblemente vinculada a la figura femenina que el tango ha retratado de manera recurrente.
La obra se inscribe en una tradición que privilegiaba la melodía sobre la complejidad armónica, característica que la emparenta con otros tangos instrumentales de la época que buscaban la comunicación directa con el oyente a través de líneas melódicas memorables.
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