Repertorio

El baquiano (1919)

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Actualizado 16 de julio de 2026

En 1919, cuando Agustín Bardi compuso "El baquiano", el tango atravesaba su período de consolidación como género urbano sin abandonar del todo las referencias al mundo criollo que lo había nutrido. Es un tango instrumental, sin letra, cuyo título evoca con precisión la figura del guía de campo: el conocedor de senderos y territorios que orientaba a los viajeros por la pampa rioplatense.

El baquiano era una figura esencial en la Argentina rural, el hombre que leía el paisaje como otros leen un libro, capaz de encontrar agua en la sequía y caminos donde sólo había rastros. Bardi eligió esa imagen en un momento en que Buenos Aires crecía aceleradamente y el campo comenzaba a transformarse en memoria. Buena parte de su obra se construyó, justamente, sobre imágenes de ese mundo criollo que se desdibujaba en las orillas de la ciudad.

La música de Bardi 01

Como compositor, Agustín Bardi desarrolló un estilo que combinaba la melancolía característica del tango primitivo con una escritura pianística más elaborada. Sus obras suelen presentar líneas melódicas de amplio registro y un tratamiento armónico que anticipó desarrollos posteriores del género.

"El baquiano" comparte con otras creaciones de Bardi esa búsqueda de equilibrio entre la expresividad del tango y una escritura instrumental cuidada.

Interpretaciones y circulación 02

"El baquiano" fue grabado por primera vez por Julio de Caro y su orquesta típica en 1927. Una década más tarde, en 1937, lo registró Juan D'Arienzo, y en 1947 hizo lo propio Osmar Maderna, con una lectura más liviana pero no menos expresiva.

Aníbal Troilo también lo incorporó a su repertorio; su grabación de estudio documentada data del 12 de septiembre de 1969, en versión instrumental. Estas sucesivas versiones, a lo largo de más de cuatro décadas, mantuvieron viva una composición que de otro modo podría haberse perdido entre los pliegues del tiempo.

Lugar en el catálogo 03

La pieza ocupa un lugar discreto dentro de la obra de Bardi, menos celebrada que sus tangos más conocidos como "Gallo ciego" o "Lorenzo", pero representativa de su búsqueda estética. Su título conserva el poder evocativo: en una época de modernización acelerada, Bardi eligió honrar la figura del conocedor de caminos, del hombre que sabía orientarse en territorio incierto.

Que orquestas de la talla de las de De Caro, D'Arienzo, Maderna y Troilo la hayan grabado a lo largo de los años confirma su valor dentro del repertorio instrumental del tango.

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