Edmundo Rivero

Biografía

Edmundo Rivero

El Feo llevó su voz grave y poco común al tango, construyendo con Troilo y luego como solista una identidad vocal irrepetible, defensora del lunfardo y la tradición porteña viva.

También conocido como Rivero, Leonel Edmundo, El Feo

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Retrato de Edmundo Rivero. Fuente: Wikimedia Commons.

  • Nacio 8 de junio de 1911, Valentín Alsina, Buenos Aires, Argentina
  • Fallecio 18 de enero de 1986, Buenos Aires, Argentina, a los 74 años
  • Obras vinculadas 214 en el archivo
  • Videos 67 disponibles

Biografía

Actualizado 4 de junio de 2026
Leonel Edmundo Rivero 01

Leonel Edmundo Rivero (Valentín Alsina, 8 de junio de 1911 - Buenos Aires, 18 de enero de 1986) fue una de las voces más personales del tango. Su bajo-barítono —registro poco frecuente en el género— lo volvió inconfundible desde la primera frase. Conocido también como El Feo, apodo que él mismo reivindicó, fue cantor, guitarrista y compositor, defensor activo del lunfardo y figura central de la vida cultural porteña durante décadas.

Formación musical y primeros pasos 02

Rivero no fue un cantor improvisado. Desde joven estudió música con seriedad, pasó por el conservatorio, trabajó la técnica vocal y se formó también como guitarrista. De esa base surgió la solidez de su fraseo y el control preciso con que administraba cada palabra.
En sus comienzos actuó en radios porteñas y acompañó a diversos intérpretes mientras ampliaba un repertorio que no se limitaba al tango. Esa experiencia lo volvió un músico completo, atento a la respiración de la palabra y al peso del acompañamiento.

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Una voz grave para el tango 03

Lo que lo hizo inconfundible fue, en primer lugar, la sonoridad de su voz. En un ambiente habituado a timbres más livianos o más agudos, Rivero impuso un registro profundo sin perder musicalidad ni sutileza. Su manera de cantar podía ser recia, pero nunca tosca.
Había en ella resonancias criollas, gusto por el relato y una administración muy inteligente de cada palabra. Esa combinación lo convirtió en un intérprete ideal para letras con espesor porteño, ironía, clima nocturno y lunfardo. Rivero no construyó su identidad desde la exageración dramática; su autoridad venía de la naturalidad.

Troilo, guitarras y repertorio propio 04

Su carrera se consolidó de manera decisiva a partir de su vínculo con Aníbal Troilo. En la orquesta de Pichuco dejó grabaciones memorables y encontró un marco ideal para desplegar su voz. Más tarde desarrolló una trayectoria solista de gran consistencia, con una fuerte presencia de guitarras y un repertorio donde el tango, la milonga y la canción porteña convivían con una lógica muy personal. Entre los temas más asociados a su voz aparecen Sur, El último organito, Amablemente, Cafetín de Buenos Aires, No te engañes corazón y muchas milongas donde su timbre grave y su afinidad con el decir arrabalero encontraban un territorio natural. También fue un gran difusor de textos lunfardos y de una tradición porteña que no trataba como pieza de museo, sino como lengua viva.

El Viejo Almacén y la defensa de una tradición viva 05

A fines de los sesenta abrió El Viejo Almacén, espacio fundamental para la historia del tango porteño. Rivero no fue solo su figura visible: convirtió ese lugar en una referencia cultural donde el tango podía escucharse como arte vivo, con respeto por la tradición pero sin tono funerario.
No se limitó a cantar repertorio clásico; también trabajó activamente para sostener un ámbito donde el tango siguiera respirando en contacto directo con el público.
Su figura, además, estuvo ligada a una defensa del lunfardo y de ciertas formas expresivas de Buenos Aires que otros preferían suavizar. Rivero entendía que en ese lenguaje vivía una parte de la música misma.

El escritor del tango y la Academia del Lunfardo 06

Rivero también cultivó la escritura y el estudio del tango. Fue miembro de la Academia del Lunfardo, institución que reconoció su trabajo como difusor y preservador de la lengua popular porteña. En 1985 publicó Las voces, Gardel y el canto, libro donde volcó su experiencia como intérprete y su reflexión sobre la tradición vocal del género. Su conocimiento del lunfardo no era solo intuitivo: estudió esa lengua, la defendió y la practicó con la conciencia de quien sabía que allí vivía una parte esencial de la poesía tanguera.

Últimos años 07

Murió en Buenos Aires el 18 de enero de 1986, apenas meses después de publicar Las voces, Gardel y el canto. Ese libro, su paso por la orquesta de Troilo y la fundación de El Viejo Almacén son las coordenadas más firmes de una trayectoria que abrió una zona vocal distinta dentro del tango sin apartarse jamás de su raíz porteña.

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