Los Ejes de Mi Carreta

Letra de Romildo Risso

Música de Atahualpa Yupanqui

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Actualizado 13 de septiembre de 2026

Porque no engraso los ejes,
me llaman abandonao...
si a mí me gusta que suenen,
pa' qué los quiero engrasaos...

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
andar y andar los caminos
sin nada que me entretenga...

No necesito silencio;
yo no tengo en qué pensar.
Tenia... pero hace tiempo...
¡ahura, ya no pienso más!

¡Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar!

Historia 01

El texto no nació como canción sino como poema, y es bastante anterior a la música: está en "Ñandubay", el libro que Romildo Risso publicó en 1931 y el que le dio su primer éxito de público. El propio Risso lo cita años después por su página exacta, la 127.

Risso era uruguayo, de Montevideo, y vivía en la Argentina desde 1910; para cuando el libro salió tenía una maderera en Buenos Aires. Sus libros casi no se vendían en librerías: los repartían por el país los corresponsales de una asociación tradicionalista, y así fue como llegaron a manos de músicos. En la lista de suscriptores que pagaron la edición de su segundo libro figura, justamente, Atahualpa Yupanqui.

La sociedad entre los dos es más vieja de lo que suele contarse. En los primeros discos que grabó Yupanqui, en julio de 1936, hay ya dos temas con letra de Risso, y uno de ellos es también de carreros. El propio Risso escribió en 1938 que desde 1936 le pasaba copia de todo lo que escribía y que la música se hacía con su intervención y su consejo. La versión que circula por el lado de la familia es otra —que Risso se negaba y que Yupanqui consiguió el permiso recién de sus herederos—, y las dos no cierran entre sí.

Lo que sí está documentado es cuándo se publicó esta milonga: la partitura lleva pie de imprenta de 1946, editada en Buenos Aires por Ediciones Musicales Tierra Linda, y la obra quedó registrada el 4 de mayo de 1946. Conviene decirlo con cuidado, porque es una fecha de registro y de edición, no necesariamente de composición. Y tiene un peso particular: Risso había muerto el 29 de marzo de ese mismo año, cinco semanas antes.

Lo que Risso quiso decir 02

Hay una lectura fácil de este poema —el hombre que no engrasa los ejes porque le gusta el ruido, el elogio de andar a la propia manera— y Risso dejó escrito que esa lectura es equivocada. No sólo eso: la previó antes de que el libro saliera a la calle, y se defendió por adelantado en el prólogo.

Ahí explica que le preocupaba que no se entendieran sus carreros, y describe al personaje con una imagen que no deja lugar a dudas: son hombres que andan con una brasa en el pecho y nadie ve que se queman, porque no les chispean las palabras ni echan humo de suspiros. Gente que, si viene al caso, se presenta riéndose de los contratiempos y aparentando indiferencia, o hablando de otra cosa.

Leído así, el poema cambia de signo. Los ejes que chirrían no son una preferencia sino una pantalla: hacen ruido para que no haya silencio, porque en el silencio habría que pensar. Es exactamente lo que concede la tercera estrofa cuando admite que antes tenía en qué pensar y que ya no. No es un hombre contento con su suerte, es un hombre tapando algo.

Hay una ironía en cómo lo cantó el tango. En los discos de 1947 los cantores cambiaron una palabra de esa misma estrofa y convirtieron un verso metafísico en uno romántico: donde el poema dice que no tiene en qué pensar, ellos cantan que no tiene en quién. Es, palabra por palabra, el malentendido que Risso había anticipado.

Cómo llegó al tango 03

Cuando las orquestas porteñas se la llevaron al disco, la milonga ya tenía partitura a la venta y obra registrada: eso es lo que explica que la tomaran casi a la vez y sin pisarse. Los catálogos registran además una versión de Agustín Irusta sin fecha, que podría ser anterior, pero ninguna de las tres discografías consultadas le pone año ni lugar, así que no se afirma acá.

Entonces sí, y de golpe. En 1947 la grabaron tres formaciones porteñas en seis semanas: Alberto Marino con dirección de Emilio Balcarce el 10 de septiembre, Aníbal Troilo con Edmundo Rivero el 7 de octubre y Francisco Canaro con Enrique Lucero y Alberto Arenas el 20 de octubre. Vale aclararlo porque casi siempre se cuenta al revés: la versión de Troilo y Rivero es la más célebre y la más reeditada, pero no fue la primera. Marino llegó al disco veintisiete días antes.

Después siguió viajando y salió del género: la grabaron Antonio Tormo, Rogelio Araya y el chileno Lucho Gatica, entre muchos otros. Es, probablemente, una de las canciones en castellano con más versiones.

El autor tardó trece años en grabarla 04

El dato más raro de esta historia es que Yupanqui no grabó su propia milonga hasta el 20 de mayo de 1960, trece años después que las orquestas de tango. No fue desidia. Entre 1947 y 1953 estuvo proscripto y su discografía argentina se cortó en seco, que son justamente los años en que su canción se estaba convirtiendo en un clásico en la voz de otros. La volvió a registrar en 1968 y otra vez en 1969, esta vez en Francia.

Una nota final sobre Risso, que resume su relación con este texto. La antología de sus poesías que publicó la Biblioteca Artigas de Montevideo en 1965 reúne cuarenta poemas de sus distintos libros y no incluye éste: su poema más conocido aparece ahí sólo como una cita al pie. Hoy, si se lo recuerda, es sobre todo por esta milonga.

Referencias 05
  • Partitura original, editada en Buenos Aires por Ediciones Musicales Tierra Linda y reproducida por Todotango, con el pie de imprenta de 1946 y el encabezado "milonga pampeana". La tapa la clasifica como milonga campera.
  • Registro de la obra en SADAIC con fecha 4 de mayo de 1946, número 73322, cuyo ISWC coincide con el de la obra en tango.info.
  • Romildo Risso, "Selección de poesías", Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos, Montevideo, 1965, con prólogo de Domingo Luis Bordoli: de ahí salen la ubicación exacta del poema en "Ñandubay" página 127, la advertencia del propio Risso sobre cómo no debía leerse, el pasaje de la brasa en el pecho, la forma en que se distribuían sus libros y la suscripción de Yupanqui a su segundo libro.
  • "Recuerdo de Romildo Risso (1882-1946)", publicado en El País Cultural de Montevideo, leído a través de tres reproducciones textuales coincidentes: la carta de Risso de 1938 sobre cómo trabajaban juntos desde 1936, y la versión familiar según la cual el permiso llegó recién después de su muerte.
  • Discografía de Yupanqui construida sobre el libro de registros del sello Odeón y sobre el boletín oficial de derechos de autor, para la grabación del 20 de mayo de 1960, las de 1968 y 1969, las dos letras de Risso en sus primeros discos de julio de 1936, la grabación cubana del Trío Argentino en 1946 y las versiones de Stamponi, Benítez-Pacheco, Tormo, Araya y Gatica.
  • Fechas exactas de las grabaciones de 1947: obra T0370238860 en tango.info, obra 2882 en el-recodo y página del tema en Todotango. Las tres coinciden en que la grabación de Canaro es una sola placa con dos cantores, no dos registros.
  • No se le conoce a Yupanqui ninguna declaración sobre esta milonga en las fuentes consultadas, y no hay fuente para el año en que le puso música: 1946 es la fecha en que se editó y registró, y las que circulan como año de composición no tienen respaldo.
  • Tres atribuciones que circulan y que acá no se dan por buenas. Una grabación de Héctor Stamponi en octubre de 1947 y una del Trío Argentino en Cuba en 1946: ninguna de las dos figura en tango.info, en el-recodo ni en Todotango, y por eso no se publican. Y tampoco se dan por buenas: no se encontró evidencia de una versión de Alfredo Zitarrosa de esta milonga —lo que sí grabó es otro poema de Risso, el que Yupanqui musicalizó como "Canción de los horneros"— ni de una de Mercedes Sosa.

«Los Ejes de Mi Carreta» es una milonga, con letra de Romildo Risso y música de Atahualpa Yupanqui.

Versiones grabadas

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