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Z Club

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Actualizado 20 de mayo de 2026

Una vez por mes, Rosendo Mendizábal tocaba para un grupo exclusivo de cuarenta jóvenes de clase alta que habían formado el Z Club. En esas ocasiones, las puertas se cerraban para cualquiera que no perteneciera al círculo, con la única excepción del comisario Enrique Otamendi, que solía pasar por el lugar. El Z Club organizaba fiestas orgiásticas que incluían música y baile de tango en casas alquiladas especialmente para la ocasión.

Para estas reuniones contrataban prostitutas de "bajo nivel" y convertían los encuentros en celebraciones que mezclaban el ambiente social exclusivo con la transgresión sexual de la época. Estas reuniones contrastaban con los otros ámbitos donde se movía Mendizábal. El músico alternaba entre locales de clientela modesta y otros como "La vieja Eustaquia", "La parda Adelina", "Laura" y "María la Vasca", frecuentados por gente de mejor posición social.

La música del compositor 01

Rosendo Mendizábal aprovechaba estas sesiones mensuales del Z Club para presentar sus composiciones a un público selecto. Como no existían entonces los derechos de autor, era habitual que los músicos bautizaran sus obras en estos círculos cerrados antes de que circularan más ampliamente. El repertorio del compositor incluía tangos que llegarían a formar parte del canon del género.

En este contexto surgía la práctica de dedicar obras a miembros del grupo o personas cercanas. Entre sus obras más conocidas figura "El entrerriano", título que surgió de una dedicatoria a Segovia, un joven oriundo de Entre Ríos que frecuentaba el grupo de amigos de Mendizábal. La anécdota revela cómo funcionaba el mecanismo de creación y denominación de los tangos en esa época: "se le puso 'El entrerriano' porque Segovia era oriundo de Entre Ríos".

Contexto social del tango temprano 02

El Z Club representa un fenómeno característico del tango en sus primeras décadas: la convivencia entre diferentes clases sociales en torno a una música que aún buscaba su lugar definitivo en la sociedad porteña. Estos grupos cerrados de la clase alta permitían el contacto controlado con una expresión cultural que oficialmente rechazaban. Las fiestas del Z Club ejemplifican la doble moral de la época: la misma música que se consideraba indecente en público se consumía privadamente en reuniones de la alta sociedad.

La presencia regular del comisario Otamendi sugiere también la tolerancia policial hacia estas actividades, siempre que permanecieran en el ámbito privado y bajo el control de la clase dirigente.

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