Letra completa
Actualizado 13 de septiembre de 2026Quisiera abrir lentamente mis venas...
Mi sangre toda vertirla a tus pies...
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces... Morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
¡azul que tienen el cielo y el mar!
viven cerrados para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
¡Sombras, nada más,
acariciando mis manos!
¡Sombras, nada más,
en el temblor de mi voz!
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
los pasajes más horrendos
de este drama sin final...
¡Sombras, nada más,
entre tu vida y mi vida...
Sombras, nada más,
entre mi amor y tu amor!
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tu mano y tu voz.
Como luciérnaga llegó
tu luz y disipó
las sombras de mi rincón...
Y me quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar,
que se han cerrado para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
Historia 01
"Sombras... Nada más!" data de 1943, con música de Francisco Lomuto y letra de José María Contursi. Lomuto, que dirigía su propia orquesta típica, y Contursi, cuyo catálogo incluía ya letras como «Gricel», se encontraron en una pieza que transita el registro que definía el trabajo de ese letrista: la pérdida, la sombra de lo que ya no está.
La obra fue incorporada al repertorio de formaciones como las de Aníbal Troilo y Juan D'Arienzo, dos de las orquestas más activas de ese período en Buenos Aires.
«Sombras... Nada más!» tiene letra de José María Contursi y música de Francisco Lomuto.
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