Alberto Marino

Biografía

Alberto Marino

Perfil con biografía, obras y relaciones para ubicar su lugar en el tango.

También conocido como Vicente Marinaro, La voz de oro del tango, Lino Marcos

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Biografía

Actualizado 16 de julio de 2026

En 1952, Alberto Marino cerró una era: fue el último cantor que actuó en el legendario Café El Nacional, el mismo escenario donde treinta años antes Francisco Alfredo Marino había sido el primero en cantar tangos cuando nació esa modalidad. Una coincidencia que el destino tejió con los hilos de un apellido artístico. Porque Alberto Marino no era realmente Marino.

Su nombre verdadero era Vicente Alberto Marinaro, y adoptó ese seudónimo que lo vincularía, sin saberlo, con la historia de uno de los cafés más emblemáticos del tango porteño. Nacido en Buenos Aires, comenzó su carrera en los años veinte, cuando el tango cantado empezaba a consolidarse como la modalidad que definiría el género.

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Trayectoria de Alberto Marino 01

En 1924 formó dúo con Pablo Eduardo "Pireca" Gómez, una sociedad artística que los llevó a actuar en el cabaré Casino Pigall de la calle Maipú 340 y en el Café El Nacional. Estos primeros pasos lo situaron en el circuito de locales nocturnos donde el tango se abría camino entre la bohemia porteña y un público que recién comenzaba a aceptar la voz como parte integral del género. La carrera de Marino se desarrolló durante las décadas que siguieron a la muerte de Gardel, cuando el tango buscaba nuevas voces y nuevos rumbos expresivos.

Su registro vocal y su interpretación se inscribieron en esa generación de cantores que debió construir un lenguaje propio, sin la sombra protectora y a la vez abrumadora del Zorzal Criollo.

Obra y colaboraciones 02

Como letrista, Alberto Marino firmó tangos que permanecen en el repertorio: "Tango de otros tiempos", "Cilicio" y "Aquella puerta" dan cuenta de una sensibilidad poética que complementaba su faceta interpretativa. Esta doble condición de cantor y letrista le permitió abordar el tango desde una perspectiva integral, controlando tanto la palabra como la interpretación. Su trabajo como compositor de letras revela una mirada melancólica sobre el tiempo y la nostalgia, temas centrales en la poética tanguera.

En "Tango de otros tiempos" construye una reflexión sobre la pérdida y el recuerdo que dialoga con la tradición del género sin repetir fórmulas gastadas.

El último del Nacional 03

La anécdota que lo vincula con el Café El Nacional trasciende la mera curiosidad biográfica. Marino cerró en 1952 un ciclo de treinta años durante los cuales ese escenario había visto nacer y consolidarse el tango cantado. Su actuación final en el local no fue solo el fin de una carrera en un lugar determinado, sino el cierre simbólico de una época.

El hecho de que Francisco Alfredo Marino hubiera sido el primero y Alberto Marino el último en cantar en El Nacional, sin parentesco entre ambos, habla de esas casualidades que el tango parece generar con particular frecuencia. Como si el género tuviera la capacidad de crear sus propias simetrías narrativas. Su arte, según los testimonios de la época, ganó autenticidad con los años.

La experiencia vital se tradujo en una interpretación más honda, donde la técnica cedía espacio a una expresividad que solo el tiempo y la vivencia pueden otorgar. Esta evolución lo sitúa entre los cantores que entendieron el tango como confesión antes que como exhibición.

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