Retrato de Roberto Rufino

Biografía

Roberto Rufino

Cantor y compositor porteño, apodado El Pibe del Abasto, una de las voces precoces y más admiradas del tango.

También conocido como El Pibe del Abasto, El Pibe Terremoto

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  • Nacio 6 de enero de 1922
  • Fallecio 24 de febrero de 1999, a los 77 años
  • Obras vinculadas 278 en el archivo
  • Videos 5 disponibles

Biografía

Actualizado 16 de julio de 2026

Roberto Rufino (1922–1999) fue uno de los cantores emblemáticos de la época dorada del tango, asociado sobre todo a la orquesta de Carlos Di Sarli. Ingresó a esa formación en 1938 —tras ser escuchado cantando "Milonguero viejo"— y debutó en disco el 11 de diciembre de 1939 con "Corazón". Conocido como "El pibe del Abasto", desarrolló una interpretación de línea sobria y musical.

Trayectoria con Di Sarli 01

Rufino cantó con Di Sarli entre fines de los años treinta y 1944, período en el que grabó unos 46 temas con la orquesta y contribuyó a definir el sonido vocal de la formación en su primera gran etapa. Su voz quedó ligada a un tramo decisivo de la discografía de Di Sarli.

Su permanencia coincidió apenas parcialmente con la de Alberto Podestá, quien pasó por la orquesta durante unos meses en 1942 antes de seguir su propio camino y regresar más tarde. No fueron, por tanto, una dupla estable "durante años", sino dos cantores del universo di sarliano cuyas etapas se cruzaron brevemente.

Estilo y singularidad 02

Rufino se distinguió por un fraseo ceñido y una entrega expresiva que evitaba el efectismo. Su manera de cantar privilegiaba la musicalidad y la claridad por sobre las libertades rítmicas más ostentosas, rasgo que lo volvió reconocible dentro de una época en la que muchos cantantes buscaban el impacto emocional inmediato.

Esa sobriedad interpretativa lo convirtió en un modelo de una escuela vocal que ponía la fidelidad musical en el centro, sello que mantendría a lo largo de una carrera prolongada.

Faceta como autor 03

Rufino también cultivó la composición, dejando títulos como "Calla", "Tabaco rubio", "Eras como la flor", "Soñemos" y "Los largos del pibe". Su producción como autor muestra la misma sobriedad que caracterizaba su canto, con obras alejadas de los excesos dramáticos frecuentes en el tango de su tiempo.

Cuando murió en 1999, La Nación tituló su obituario "Rufino, una voz de oro", una síntesis que confirmaba la perdurabilidad de su estilo en la memoria del tango. Su legado permanece como ejemplo de una escuela interpretativa que privilegiaba la fidelidad musical sobre el efectismo.

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