Biografía
Actualizado 22 de septiembre de 2026Domingo Manuel Moles (Buenos Aires, 21 de diciembre de 1944 – 30 de octubre de 1992) fue bandoneonista, director y compositor. Le decían Mingo. Debutó a los veinte años en La Botica del Ángel, solo con su fueye, y volvió ahí varias temporadas seguidas; después pasó años en la casa de tango que Edmundo Rivero tenía en San Telmo, en la época de su reinado.
Se formó con Julio Ahumada y pasó por las orquestas de Osvaldo Piro, José Colángelo y Carlos García. Lo suyo, sin embargo, fueron sus propias formaciones: primero el Buenos Aires Trío y después el Trío Contemporáneo, que armó por primera vez en 1967 y rehízo varias veces a lo largo de los años. Con ese trío giró por Canadá, Japón, Alemania y Francia, y grabó discos que se editaron allá y que acá son difíciles de encontrar.
El acompañante 01
La virtud que todos le reconocen es la del acompañante: dar con el bandoneón el marco exacto que el tango necesita y al mismo tiempo pasar desapercibido, para que luzca la voz. Acompañó a Roberto Goyeneche, a Ruth Durante, a Guillermo Fernández, a Carlos Barral, a Olivia Molina y a Graciela Susana, entre otros. En 1985 su orquesta acompañó al cantor Aníbal Jaule en el único disco que este grabó, diez clásicos editados con sello propio.
Leopoldo Federico fue rotundo sobre la deuda que tenía con él: dijo que toda la inspiración de su propio trío se la debía a Mingo, y que él había marcado un camino.
Lo que compuso 02
Moles escribió música, nunca letras. Héctor Negro le puso palabras a «Esa piba soy yo» y a «Me llaman rea», y Eugenio Majul a «Voy a encontrarme conmigo». Otro letrista, tocayo del viejo estribillista de Canaro y a menudo confundido con él, firmó las de «Nada más que la noche» y «Homero al sur», que Goyeneche grabó en 1976 con la Orquesta Típica Porteña dirigida por Raúl Garello. De su etapa instrumental queda «Piantata», que el Trío Contemporáneo registró en 1973 para el sello Trova.
Los últimos meses 03
En septiembre de 1992 tocó ante mucha gente por anteúltima vez, en la Noche de los Fueyes que cerró la Cumbre del Tango. La despedida verdadera fue casi un accidente: un domingo, en casa del letrista Jorge Waisburd, apareció Adriana Varela —no se conocían— y entre mates y anécdotas se pusieron a tocar. Dos horas más tarde estaban improvisando un recital en el bar La Paz, que se llenó tanto que terminó cortándose la avenida Corrientes.
No pasó un mes. Una anemia perniciosa se lo llevó en cinco días, a los 47, antes de cumplir los 48. Dejaba un tango sin terminar que iba a llamarse «The Big Bang», con letra de Waisburd, y del que su amigo escribió después que había venido otro Big Bang y lo había dejado inconcluso.
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