Letra completa
Actualizado 4 de octubre de 2026¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos!
Eran otros hombres más hombres los nuestros.
No se conocían cocó ni morfina,
los muchachos de antes no usaban gomina.
¿Te acordás, hermano? ¡Qué tiempos aquéllos!
¡Veinticinco abriles que no volverán!
Veinticinco abriles, volver a tenerlos,
si cuando me acuerdo me pongo a llorar.
¿Dónde están los muchachos de entonces?
Barra antigua de ayer ¿dónde está?
Yo y vos solos quedamos, hermano,
yo y vos solos para recordar...
¿Dónde están las mujeres aquéllas,
minas fieles, de gran corazón,
que en los bailes de Laura peleaban
cada cual defendiendo su amor?
¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya,
que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?
Casi me suicido una noche por ella
y hoy es una pobre mendiga harapienta.
¿Te acordás, hermano, lo linda que era?
Se formaba rueda pa' verla bailar...
Cuando por la calle la veo tan vieja
doy vuelta la cara y me pongo a llorar.
Historia 01
"Tiempos viejos" es un tango de 1926 con música de Francisco Canaro y letra de Manuel Romero. Nació como número teatral —se estrenó en escena ese mismo año, cantado por José Muñiz, en una revista de Romero— y su evocación nostálgica de la juventud perdida ("los muchachos de antes no usaban gomina") lo volvió un clásico instantáneo.
Intérpretes 02
Carlos Gardel lo grabó en 1926, con el acompañamiento de las guitarras de Barbieri y Ricardo. Entre las versiones posteriores se cuentan las de Julio Sosa, con las orquestas de Armando Pontier (1956) y de Leopoldo Federico (1963).
«Tiempos viejos» es un tango de 1926, con letra de Manuel Romero y música de Francisco Canaro.
Versiones grabadas
- 1926 Carlos Gardel con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri
- 1927 Francisco Canaro
- 1931 Francisco Canaro con Charlo
- 1937 Charlo, dirección de Francisco Canaro
- 1953 Francisco Canaro con Alberto Arenas
- 1953 Osvaldo Fresedo con Carlos Barrios
- 1956 Armando Pontier con Julio Sosa
- 1961 Francisco Canaro con Ernesto Rondó
- 1965 Juan D'Arienzo con Armando Laborde
- 1974 Héctor Varela con Fernando Soler
- 1976 Osvaldo Pugliese con Abel Córdoba
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«Cocó» era la cocaína en el argot porteño, la misma del «como en botica, cocó» de «A media luz». En los años veinte el tango estaba lleno de esas alusiones; el verso añora una barra anterior, la de fines del siglo XIX y comienzos del XX que evoca todo este tango.
Fuentes: Universidad de Salamanca · La Red 21 · Clarín
Gomina era una marca antes que un nombre común: la del fijador que creó el farmacéutico José Antonio Brancato, según contó su bisnieto, para el pelo «mojado, fijo, brillante» que los tangueros hicieron propio. El verso pegó tanto que Romero lo usó como título de su película de 1937.
Fuentes: La Nación · Wikipedia · La Nueva
«Lo de Laura» era una de las casas de baile famosas de aquel Buenos Aires: la de Laura (o Laurentina) Montserrat, en Paraguay 2512, lujosa y con clientela de buena posición. Allí, en 1897, Rosendo Mendizábal compuso «El entrerriano».
Fuentes: Todotango · Wikipedia · El Mundo (Medellín)
Nadie pudo probar que existiera: Julián Centeya escribió que «acaso Mireya no existió nunca». La leyenda le dio nombre, Margarita Verdier (o Verdiet), uruguaya, «la Oriental». Pero Romero ya había llevado una Mireya a escena en «El rey de cabaret» (1923), sainete que escribió con Alberto Weisbach, y ahí ella dejaba la noche para casarse con un millonario.
Fuentes: Todotango · Clarín
«Lo de Hansen» era un café-restaurante del Parque Tres de Febrero, cerca de donde hoy está el Planetario: de día iban familias y de noche malevos y niños bien. Se tocaba tango aunque, al menos oficialmente, no se bailaba. Lo demolieron en 1912, así que Romero evocaba un lugar que ya no existía.
Fuentes: La Nación · Clarín · Wikipedia