Retrato de Enrique Santos Discépolo

Martirio (1940)

Tango compuesto por Enrique Santos Discépolo en 1940, incluido en diversos álbumes compilatorios.

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Retrato de estudio, década de 1940. Foto: Annemarie Heinrich.

Letra completa

Actualizado 25 de julio de 2026

Solo...
¡increíblemente solo!
vivo el drama de esperarte,
hoy...
mañana...
siempre igual...
¡Dolor que muerde las carnes,
herida que hace gritar,
vergüenza de no olvidarte,
si yo sé que no vendrás!
¡Solo!
¡Pavorosamente solo!...
como están los que se mueren,
los que sufren,
los que quieren,
así estoy... ¡por tu impiedad!

Sin comprender,
por qué razón te quiero...
Ni qué castigo de Dios
me condenó al horror
de que seas vos, vos,
solamente sólo vos...
Nadie en la vida más que vos
lo que deseo...
Y entre la risa y las burlas
yo arrastré mi amor
¡llamándote!...

Fiebre
de pasiones maldecidas,
que uno trae desde otras vidas
y las sufre hasta morir...
Dolor de bestia perdida,
que quiere huir del puñal,
yo me revuelco sin manos
pa' librarme de tu mal...
¡Solo!...
¡Despiadadamente solo!...
mientras grita mi conciencia
tu traición
¡la de tu ausencia!
hoy... mañana...
siempre igual...

Historia 01

"Martirio" es un tango de 1940 que lleva la doble firma de Enrique Santos Discépolo, quien actuó como autor y compositor. La pieza integra el repertorio del creador de "Cambalache", "Yira... Yira!" y "Uno", obras que definen el registro más sombrío y filosófico del tango-canción rioplatense.

Intérpretes destacados 02

La primera grabación llegó el 9 de mayo de 1940: Francisco Canaro, con el estribillo de Ernesto Famá. Pocos meses después, el 18 de septiembre, lo registró Francisco Lomuto con la voz de Fernando Díaz.
En 1950 lo grabó Jorge Durán con la orquesta de José Basso para Odeon, y Monona Tucuna lo cantó con el conjunto dirigido por el bandoneonista Carlos Buono. La diversidad de esos registros —de la orquesta bailable al conjunto de cámara— da cuenta de la circulación que tuvo la pieza dentro del ambiente tanguero.
Tania —la compañera de Discépolo— dejó su propia versión junto a la orquesta del uruguayo Donato Racciatti, y Roberto Goyeneche lo retomó más tarde con la Orquesta Típica Porteña.

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