Letra completa
Actualizado 16 de julio de 2026Cuando la suerte qu' es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.
Verás que todo el mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa...
¡Yira!... ¡Yira!...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao
después de cinchar
lo mismo que a mí.
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar...
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
¡se puso a ladrar!
Composición 01
"Yira yira" es un tango compuesto y escrito por Enrique Santos Discépolo en 1929, en plena antesala de la crisis que sacudiría al mundo tras el crack bursátil de octubre de ese año. Junto a "Qué vachaché" y "Esta noche me emborracho", pertenece al ciclo de tangos de contenido social más agudo que Discépolo produjo en ese período: obras que desnudan la indiferencia del mundo hacia el que cae.
El propio Discépolo contó que la letra salió de su intemperie personal: "Venía yo, en 1927, de una gira en la que nos había ido muy mal", recordó, y definió a "Yira yira" como "el más espontáneo, el más mío de los tangos... Yo viví la letra de esa canción. La padecí". Antes de fijarse el título definitivo, la pieza estuvo a punto de llamarse "Cuando te apaguen la vela".
La letra articula esa visión a través de un tono acusatorio y repetitivo —el título mismo, imperativo y circular, funciona como condena— que retrata a un hombre solo caminando sin destino mientras nadie tiende la mano. Se estrenó en el escenario del Teatro Sarmiento durante la temporada de 1929.
Intérpretes destacados 02
La primera grabación en disco fue de la Orquesta Típica Victor, en 1930. Carlos Gardel la registró el 16 de octubre de ese año para Odeon y volvió a cantarla ante cámara en el cortometraje de Eduardo Morera estrenado en 1931, donde quedó filmado el diálogo previo con Discépolo —"soledad y desesperanza", define el autor sobre lo que quiso expresar—, uno de los primeros documentos sonoros del tango. Esas versiones le dieron proyección internacional.
Roberto Maida la cantó con la orquesta de Pedro Maffia, también en 1930. Aníbal Troilo la grabó en 1947 con Edmundo Rivero, cuya voz grave y dicción milimétrica le sumaron densidad dramática. Después llegaron las lecturas de Alfredo De Angelis con Lalo Martel (1961), José Basso y Guillermo Rico con la orquesta de Jorge Dragone (1967).
Su circulación internacional alcanzó a Japón: Ranko Fujisawa la grabó en 1964, acompañada por la orquesta de Miguel Caló.
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