Biografía
Actualizado 8 de octubre de 2026Néstor Marconi es bandoneonista, compositor, arreglador y director de orquesta, y a los 84 años toca todos los días. Nació el 15 de junio de 1942 en Álvarez, un pueblo del sur de Santa Fe a unos veinticinco kilómetros de Rosario, y su fueye atravesó casi todas las etapas que vivió el tango desde los años sesenta: el final de la época de oro en una orquesta de baile, los años flacos en los boliches de trasnoche, las noches de Caño 14, el renacimiento de los ochenta y los noventa y el presente, en el que dirige la Orquesta del Tango de Buenos Aires y enseña a escribir arreglos.
También es el bandoneón que suena en la película que Pino Solanas filmó con Roberto Goyeneche y en el disco que el violonchelista Yo-Yo Ma le dedicó a Astor Piazzolla. Dos veces, entonces, el tango salió de su propio circuito llevándolo adentro.
De Rosario a Caño 14, con una prueba de puro caradura 01
Empezó por el piano y quería ser pianista: de muy chico llegó a tocarlo en una orquesta característica de Rosario, de esas que hacían foxtrots, pasodobles y rancheras. El bandoneón llegó por su padre, Ludovico, capataz del frigorífico Swift, que de joven había querido estudiarlo y no había podido —vivía en el campo, trabajaba en una chacra— y que le regaló uno cuando el hijo empezó a estudiar música, para practicar él también. «Siempre agradezco a mi padre, porque me hizo despertar a que yo era bandoneonista, no pianista.»
Nunca tomó una clase de bandoneón. Siguió estudiando armonía, contrapunto y piano, y lo primero que hizo fue adaptar al fueye lo que aprendía en el teclado: «Pasé a tocar un instrumento infernal, con cuatro teclados completamente distintos, no tiene la lógica del piano. Y me formé como autodidacta.» A los dieciséis años ya tocaba en la radio rosarina.
El salto a Buenos Aires fue un golpe de audacia. La orquesta típica de José Basso llegó a Rosario para una serie de presentaciones con un bandoneonista menos, y Marconi, que tenía 19 años, fue a dar la prueba «de puro caradura» y quedó. A las tres funciones, Basso le preguntó si quería seguir en Buenos Aires. Era una orquesta que trabajaba mucho y tenía como cantor al Tata Floreal Ruiz: «Un lujo.»
En 1967 se enganchó con el bailarín Juan Carlos Copes para una gira por Centroamérica y, a la vuelta, entró al conjunto que lo acompañaba en Caño 14. De ese boliche habla como de un enigma que todavía lo desvela: «¿Cómo fue posible que en un boliche tan chico hayan pasado tantas cosas? Era un desfile de músicos increíbles. En una misma noche podías ver a Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Ángel Paya Díaz.» Trabajaban de lunes a sábado, dos funciones por noche.
El sexteto de Francini, el Vanguatrío y un sonido propio 02
En esas noches conoció a Enrique Mario Francini, que le doblaba la edad y lo convocó para su nuevo sexteto. Ahí Marconi empezó a destacarse también como orquestador, y quedó un solo disco de esa formación, grabado en 1970, con tangos tradicionales —«Chiqué», «El choclo», «Tierrita», «Ojos negros», «El arranque»— corridos de sus versiones canonizadas. Del violinista se acuerda con una definición en mayúsculas: «A veces le escribía en difícil para molestarlo. Y él no solo lo interpretaba, sino que además le agregaba cosas. Fue el gran violinista del tango, así, con mayúsculas, y un divino.»
Después vino el Vanguatrío, puro atrevimiento juvenil, con arreglos escritos junto a Omar Valente y una velocidad que hoy lo hace dudar: «Si tuviera que tocar eso ahora, no sé si podría.» Hubo resistencias del ambiente, y las cuenta sin rencor: «Había tipos que me cargaban. Con maldad, me decían: 'me voy antes de que no sepa qué tango estás tocando'.» Siguieron otros tríos muy distintos, primero con Orlando Trípodi y después con Osvaldo Tarantino, «que era pura improvisación, tango jazz». Tocó además como invitado del grupo de fusión Alas y con Pedro Aznar.
Su técnica nunca estuvo en discusión; su temperatura emocional, sí: el reproche que lo siguió durante décadas fue el de cierta frialdad, el precio habitual que se les cobra a los instrumentistas admirados por su precisión. Él contesta hablando de otra cosa, del sonido propio: «¿Si tengo un estilo? No lo sé. Yo escribo y compongo como lo siento. Algunos dicen que tengo influencias del jazz. Me parece que más que del jazz, vienen de la música. Yo escuché mucho a Bill Evans y a Chick Corea, pero siempre traté de hacer mi camino.»
Y sobre cómo se aprendía el oficio tiene la frase más citable de todas, que es futbolera como él: «Yo tuve un potrero que me sirvió mucho: las cantinas, los boliches, los cabarets. Ahí sobrevivía, tocando solo o acompañando cantores. Por ahí llegaba un cantor que pedía un tango en re, otro en fa, y así toda la noche. Me acostaba a cualquier hora un poco fastidiado, pero ganaba mucho en creación, en intuición, en invención. Hoy sobran profesores, pero falta potrero.»
El Polaco, una sola toma y la primera «Vuelvo al Sur» 03
La sociedad con Roberto Goyeneche empezó en Caño 14 y duró años; en los ochenta compartieron el trío estable de un café porteño en el que el Polaco cantaba noche a noche. Ahí los vio Pino Solanas y los llamó para su película, y lo que buscaba era exactamente eso: replicar lo que pasaba en el bar.
La escena en que el Polaco canta «La última curda» en la puerta del bar se grabó como sonaba, sin doblaje ni segunda oportunidad: «Fue una sola toma, él con un micrófono corbatero y yo con otro debajo de la silla. En realidad, todo lo que grabamos en la película se hizo en vivo, porque lo que se generaba con Goyeneche era una locura: nos adivinábamos los movimientos, era un diálogo constante entre canto y música. Había química, fuimos grandes compinches y trabajamos juntos durante muchos años.»
De esa película salió también un tango nuevo. Astor Piazzolla y Solanas escribieron «Vuelvo al Sur» para el film —música y letra compuestas para la escena, no tomadas prestadas de ningún disco anterior— y se escucha al final, sobre los créditos, cantado por Goyeneche con Marconi en el bandoneón. Esa es la primera versión que existió del tango: Marconi no lo grabó después de otros, estuvo en su estreno.
Un año más tarde, empujado por el éxito de la película, apareció Tangos del Sur, un disco de clásicos cantados por Goyeneche que Marconi no solo tocó: lo arregló y lo dirigió. Del método de trabajo del Polaco queda un detalle perfecto: «¡Para definir la tonalidad de los temas, me los canturreó por teléfono! Tenía una musicalidad tremenda.» Con él salió también dos veces de gira por Japón, en 1988 y en 1991.
En los noventa vinieron las noches del Club del Vino con el Nuevo Quinteto Real que dirigía Horacio Salgán —Marconi en bandoneón, Ángel Ridolfi en contrabajo, Ubaldo De Lío en guitarra y Antonio Agri en violín—, un grupo que, cuenta, le gustaba «al tradicionalista, al rockero, al que le interesaba el sonido avant garde, al que no era tanguero». Ensayaban poco, por doctrina: «Salgán decía que el ensayo era un bicho malo.»
Piazzolla, un autógrafo y la elegancia de no haber trabajado juntos 04
Piazzolla es un capítulo aparte de su vida, y empieza con una escena de chico en Rosario. «Cuando empecé a estudiar música, vivía en Rosario y mi papá me hizo socio de Newell's. La primera vez que lo vi a Astor, le pedí que me firme un autógrafo en el carnet del club, porque era lo único que tenía a mano. Lo conservé y muchos años después se lo mostré en Buenos Aires. Le dio un ataque de risa. Su música me había volado la cabeza.» Y la comparación con el otro grande: «Siempre tuve en mi corazón a Aníbal Troilo por cómo trataba el instrumento, por su sonido y por su obra como compositor, pero Piazzolla me revolucionó todo.»
Conviene ser preciso con lo que vino después, porque se repite mal a menudo. Marconi llegó a tocar junto a Astor cuando este visitaba Buenos Aires entre giras y reunía a varios bandoneonistas para alguna actuación especial, pero nunca integró sus grupos. Él mismo lo remata con una ironía que dice más que cualquier discografía: «Me acuerdo que una vez me reconoció que tenía problemas con sus músicos porque era muy calentón, por eso siempre tuvimos buena relación, porque nunca trabajamos juntos.»
Lo que sí hizo, y mucho, es interpretarlo: fue solista invitado en el «Concierto para bandoneón y orquesta», bandoneón solista en la grabación de «María de Buenos Aires» editada en 1990, y en septiembre de 2026 abrió la quinta edición de un festival dedicado enteramente a Astor al frente de un Bandoneonazo de cuatro fueyes de distintas generaciones.
Su idea de cómo se toca a Piazzolla es una casa: «Él creó un montón de material que son los cimientos de la casa. Cuando alguien interpreta sus tangos, habita la misma casa, pero le pone otro decorado, pinta las paredes de colores diferentes y arma las ventanas de otro tamaño. Cada uno es libre de adaptarla a su manera.» De ahí se entiende que no sea, para nada, un guardián de la tradición. Cuando su amigo Rodolfo Mederos sostuvo que había que volver a las fuentes del tango, le contestó con una frase que ya es de manual: «En las fuentes solo tiramos monedas.»
El bandoneón argentino del disco de Yo-Yo Ma 05
En 1997 el violonchelista Yo-Yo Ma grabó un álbum enteramente dedicado a Piazzolla, Soul of the Tango, y la parte porteña de esa grabación se hizo en un estudio de Buenos Aires a fines de mayo. Marconi es el bandoneón de siete de los once temas, entre ellos «Libertango», y viajó además a la sesión de Boston para que el chelista pudiera estudiar mejor su parte del dúo de «Café 1930».
La razón por la que el sello fue a buscar músicos de acá la explicó el productor que juntó las partituras del proyecto: hacía falta «un bandoneón, una guitarra y un violín argentinos» para que le aportaran al disco «esa roña que siempre pidió Astor». Los otros tres fueron Antonio Agri en violín, Horacio Malvicino en guitarra y Héctor Console en contrabajo, los tres del quinteto de Piazzolla; el bandoneón, en cambio, fue el de su generación siguiente. El piano de dos temas lo toca Leonardo Marconi.
El álbum tiene además un track imposible. Su director musical, Jorge Calandrelli, armó «Tango Remembrances» sobre tomas de bandoneón que Piazzolla había registrado en 1987 y le escribió encima una parte de chelo: Astor había muerto en 1992 y ahí está, tocando a dúo con alguien que grabó su parte cinco años después. Es el único tema del disco en el que no hay que buscar a Marconi, porque el bandoneón es el de Piazzolla. El disco ganó el Grammy al mejor álbum clásico de cruce en 1999 —la primera vez que se entregó esa categoría— y, a fines de 1997, Yo-Yo Ma salió de gira por Estados Unidos con los cuatro argentinos, ante salas de tres mil personas en Seattle, Los Ángeles, Miami y Nueva York.
Hoy: la orquesta de la ciudad, la docencia y ningún plan de retirarse 06
Desde mayo de 2008 dirige la Orquesta del Tango de Buenos Aires junto a Juan Carlos Cuacci, y antes había estado unos cinco años al frente de la orquesta escuela de tango que fundó Emilio Balcarce. Con esa orquesta de la ciudad llegaron un Latin Grammy en 2015 y un Premio Gardel en 2016 por Homenaje a Astor Piazzolla, compartidos con Raúl Garello y Cuacci: son premios del organismo, no suyos a título personal.
Enseña desde hace 28 años, y no fue lo que le salió más fácil. La idea vino de Julián Plaza, que le sugirió dejar de orquestar para otros —trabajo por el que ni siquiera figuraba en los créditos— y transmitir lo que sabía. Hoy da clases de arreglos y de composición, y dirige un ensamble de bandoneones integrado por sus propios alumnos que estrena obras nuevas todos los años.
Como compositor escribió para formaciones grandes sin salirse del idioma: «Tangos concertantes», un concierto para bandoneón y orquesta; «Cameratangos», para bandoneón y orquesta de cuerdas; «De fuelle y oro», para flauta, bandoneón y orquesta. «En un momento yo sentí la necesidad de escribir para ensambles más numerosos, pero el lenguaje siempre fue el tango.» Sus obras se tocaron con la Orquesta Estable del Teatro Colón, con la Sinfónica Nacional y con orquestas de otros países. Entre sus tangos propios está «Tiempo cumplido», que grabó con su quinteto en 1990.
La Fundación Konex lo distinguió con el Diploma al Mérito como instrumentista de tango tres décadas seguidas —1985, 1995 y 2005—, y en 2015 fue jurado de esos mismos premios; en 2012 la Legislatura porteña lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura.
A los 84 vive en Vicente López, alterna un trío y un quinteto, camina veinte cuadras para llegar a una entrevista, trota cuatro o cinco veces por semana, tiene dos hijos y cuatro nietas, mira a Independiente por televisión y escribe música a lápiz: «Detesto la computadora.» Y no piensa parar: «Sigo con fuerza y mientras pueda voy a continuar componiendo y tocando. No pienso colgar los botines.»
Lo dice alguien que sigue agarrando el instrumento aunque no tenga fecha: «Me levanto, me preparo unos mates y, aunque no tenga fechas programadas, casi de manera inconsciente, me pongo el bandoneón en la falda y arranco. Lo necesito como un brazo o una pierna, el instrumento es una extensión de mi cuerpo.» Del fueye que su padre no pudo estudiar dice lo que es también el título de su historia: «El bandoneón me paseó por el mundo, le tengo que agradecer todo. Es mi vida.»
Referencias 07
- Entrevista de Andrés Casak a Néstor Marconi, «El bandoneón me paseó por el mundo, le tengo que agradecer todo», en La Nación del 13 de septiembre de 2026, sección Conversaciones de domingo. Es la fuente principal de esta página: de ahí salen todas las citas en primera persona, la edad, la prueba con Basso a los 19, el año de Copes y Caño 14, el sexteto de Francini, el Vanguatrío, el relato de la toma única de «La última curda», el Nuevo Quinteto Real, la docencia en Sadaic, las obras para orquesta y la rutina actual.
- «Experiencia Piazzolla: dos noches para celebrar los cruces del gran Astor», en Clarín (Revista Ñ) del 10 de septiembre de 2026: la quinta edición del festival en el CCKonex y el Bandoneonazo con el que Marconi la abrió el sábado 12.
- «Cartografía íntima del bandoneón», en Clarín (Revista Ñ) del 21 de mayo de 2026: su participación en Fueyerías, el proyecto de ensambles de bandoneones de Pablo Jaurena con más de treinta intérpretes de cinco países.
- «Piazzolla: aventurarse en aguas profundas», nota de Irene Amuchastegui en Clarín (Revista Ñ) del 17 de agosto de 2018, que ubica a Marconi entre los intérpretes por los que la obra de Piazzolla «participa de la esencia del tango como género de interpretación por excelencia».
- Semblanza firmada por Ricardo García Blaya en Todotango y su página de creador: lugar y fecha de nacimiento, el nombre del padre, el debut adolescente en la radio de Rosario, la lista de obras y el índice de grabaciones donde consta «Tiempo cumplido» por su quinteto en 1990. La biografía que publica su sello es una reproducción acreditada de esta semblanza, así que las dos son un solo cuerpo de texto, no dos fuentes independientes. De esta semblanza sale también el reproche de frialdad emocional que se le hizo durante años, que es la opinión que circulaba en el ambiente y no un dato.
- Fundación Konex: currículum provisto por el propio artista. Es la única fuente de los tres Diplomas al Mérito (1985, 1995 y 2005) en la categoría Instrumentista de Tango, del jurado 2015, de la declaración de la Legislatura porteña en 2012 y de la gira de 1997 con Yo-Yo Ma, que ahí aparece con el título castellanizado Alma de tango.
- Nota por los 80 años de Marconi en Página/12: la aparición de Tangos del Sur a mediados de 1989 empujada por el éxito de la película, el dato de que Marconi arregló el disco y la anécdota de Goyeneche canturreándole los tonos por teléfono; también los años del trío estable en el Café Homero, desde agosto de 1983, y la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, que dirigió desde marzo de 2007 durante unos cinco años.
- Página/12 del 18 de enero de 2009, sobre la colección El arte del bandoneón: de los cuatro bandoneonistas del ciclo —Leopoldo Federico, Walter Ríos, Marconi y Julio Pane— sólo Pane integró un grupo de Piazzolla. Es la corroboración independiente, diecisiete años anterior, de lo que Marconi cuenta en la entrevista de 2026.
- Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: la Orquesta del Tango de Buenos Aires está dirigida por Néstor Marconi y Juan Carlos Cuacci, y él está a cargo de la dirección desde mayo de 2008.
- tango.info: registro de persona con la fecha de nacimiento, los identificadores (ISNI, IPI, SADAIC, Wikidata) y el par Marconi–Goyeneche como el de más tomas catalogadas. Ese registro pone Rosario como lugar de nacimiento, no Álvarez; se sigue a Todotango, que es más específico, y Álvarez está en el departamento Rosario.
- Créditos de Soul of the Tango leídos en la API pública de Discogs (las páginas web del sitio están detrás de Cloudflare): Sony Classical, 1997; Néstor Marconi en bandoneón en los temas 1, 4, 6, 8, 9, 10 y 11; Astor Piazzolla en bandoneón sólo en el 7; Leonardo Marconi en piano en 1 y 4; Antonio Agri, Horacio Malvicino y Héctor Console; dirección musical de Jorge Calandrelli. Las notas del disco fechan la sesión porteña el 28 y 29 de mayo de 1997 en el estudio El Pie. Los créditos de Tangos del Sur (Milan, 1989) salen de la misma API: Marconi figura tres veces, como arreglador, bandoneonista y director.
- «Soul of the tango», en La Nación del 11 de enero de 1998: el pedido del sello de un bandoneón, una guitarra y un violín argentinos «para que aportaran esa roña que siempre pidió Astor», el viaje de Marconi a Boston por el dúo de «Café 1930» y la gira estadounidense con Yo-Yo Ma. Esa nota fecha la sesión porteña en abril; se sigue el mes que imprime el disco.
- Grammy.com: «1999 / Best Classical Crossover Album / Yo-Yo Ma, Jorge Calandrelli / Soul Of The Tango – The Music Of Astor Piazzolla».
- Wikipedia sobre «Vuelvo al Sur»: el tango fue compuesto como parte de la banda de sonido de la película de 1988, se escucha sobre los créditos finales interpretado por Goyeneche y Marconi, y esa es la primera versión del tema. El año del film es 1988; la entrevista de 2026 dice 1987, que es el año de rodaje y no se publica acá como fecha de la película.
- Catálogo de obras publicadas en EPSA Music: las veintitrés obras registradas, entre ellas «Tangos concertantes», «Cameratangos» —que ahí figura para bandoneón y orquesta de cuerdas— y «De fuelle y oro».
Tres cosas que quedaron sin confirmar y no se publican como ciertas: si el pianista Leonardo Marconi es su hijo (Marconi habla en la entrevista de 2026 de un hijo pianista llamado Leonardo Daniel, y las carteleras de 2026 anuncian su trío con Leonardo Marconi en piano, pero ninguna fuente que se haya podido leer dice que sean padre e hijo, y en este disco hay dos Marconi); desde cuándo y hasta cuándo dirigió la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto (su currículum dice que fue director, la página del organismo lo lista como director invitado y nombra a otro titular); y la fecha exacta de la declaración de la Legislatura porteña en 2012. Tampoco se pudo leer el archivo de la agencia Télam, que devuelve cero bytes desde su cierre, y su nota de 2016 sobre Marconi se conoce sólo por la reproducción de otro diario.
Dos versiones de la misma historia que se contradicen y quedan sin resolver, en lugar de elegir una a dedo: el pianista del Vanguatrío (Omar Valente en la entrevista, Horacio Valente en la nota de los 80 años) y el contrabajista del Nuevo Quinteto Real (Ángel Ridolfi según él mismo, Omar Murtagh según esa misma nota). Y un dato que tres fuentes le atribuyen y él desmiente: que haya trabajado con Piazzolla en María de Buenos Aires en los años ochenta, o que «grabó varias veces» con él. En esta página manda lo que dice Marconi.
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