Retrato de Ángel Vargas

Biografía

Ángel Vargas

Fue el cantor con "aroma de jazmín" que formó durante más de una década una dupla fundamental con Alfredo De Angelis. Su voz lírica y su fraseo refinado marcaron el tango de los años treinta y cuarenta.

También conocido como José Ángel Lomio

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Biografía

Actualizado 16 de julio de 2026

Ángel Vargas —nombre artístico de José Ángel Lomio— fue uno de los grandes cantores del tango, nacido el 22 de octubre de 1904 en el barrio porteño de Barracas y fallecido prematuramente, a los cincuenta y cuatro años, el 7 de julio de 1959. Su nombre quedó unido para siempre al del pianista y director Ángel D'Agostino, con quien formó en la década de 1940 uno de los dúos más celebrados del género, conocido por el público como "Los dos Ángeles".

La voz de Vargas se distinguió por una cualidad lírica y una dicción exquisita que combinaban la nostalgia del tango tradicional con una elegancia serena. El locutor Raúl Astor lo bautizó en junio de 1947 con el apodo que lo acompañaría, "El ruiseñor de las calles porteñas", una imagen que resumía la delicadeza de su fraseo.

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El dúo con Ángel D'Agostino 01

La sociedad artística entre Vargas y D'Agostino se consolidó en 1940, cuando comenzaron a grabar para el sello RCA Victor. El primer disco reunió "Muchacho" y "No aflojes", registrado el 13 de noviembre de ese año, y dio inicio a una de las etapas más recordadas de ambos.

Entre 1940 y 1946 la dupla D'Agostino-Vargas dejó noventa y tres grabaciones para RCA Victor, un cuerpo de obra considerado esencial dentro del cancionero tanguero. Esa estabilidad, poco común en un ambiente donde las asociaciones solían ser breves, permitió al cantor y al director desarrollar un sonido reconocible y una química artística inconfundible.

Estilo y repertorio 02

Ángel Vargas cultivó un estilo interpretativo basado en la precisión de la dicción y una emotividad contenida. No pertenecía a la escuela de los cantores dramáticos que privilegiaban el énfasis sobre la melodía, sino que construía la emoción desde la sutileza y el fraseo musical, lo que lo volvía un intérprete ideal para el tango de corte romántico.

De la etapa con D'Agostino provienen algunas de sus interpretaciones más célebres, como "Tres esquinas", "Cuartito azul", "Muchacho" y "Mano blanca", páginas que se convirtieron en clásicos del repertorio. Tras la separación definitiva del dúo, hacia 1945-1946, Vargas continuó su carrera como solista al frente de sus propios acompañamientos.

Un legado perdurable 03

La química entre Vargas y D'Agostino les permitió sostener durante años una identidad sonora propia, distinta de la de otras formaciones de la época. El apodo de "ruiseñor de las calles porteñas" refleja la percepción que tenían sus contemporáneos: una voz que evocaba la delicadeza y la elegancia del tango, alejada tanto de la rudeza de los orígenes como de los excesos dramáticos de otros intérpretes.

Su legado permanece sobre todo en las grabaciones que realizó junto a la orquesta de Ángel D'Agostino, testimonios de una época en la que el tango consolidaba su lugar como expresión musical definitiva de Buenos Aires.

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